Un repaso a lo que cada día nos depara...
La contaminación acústica, en Leganés, en Berlín y en la China, no sólo tiene consecuencias fisiológicas (trastornos del sueño, pérdida de la capacidad auditiva, hipertensión o úlceras de estómago) y psicológicas (incremento de los niveles de ansiedad o nerviosismo), sino también económicas.
Los altos niveles de ruido influyen, por ejemplo, en la pérdida de valor de las propiedades, en la interferencia de las comunicaciones y en el aumento de los gastos sanitarios.
El ruido que produce el trafico rodado es consecuencia del funcionamiento del motor, de las transmisiones y de la fricción causada por el contacto del vehiculo con el suelo y el aire.
La categoría del vehículo y sus anomalías hacen cambiar absolutamente las mediciones: un camión de alto tonelaje lleno de escombros con su motor rugiendo para llevar su carga o una pequeña moto a escape libre.
Los vecinos de la Avenida de Brasil sufrimos una contaminación acústica muy grave.
Pedimos al Ayuntamiento de Leganés, entre otras medidas, barreras y pantallas acústicas antirruido y asfalto que reduzca el sonido de la rodadura de los vehículos.